miércoles, 7 de febrero de 2018

Poética de la codicia


En enero del 88 el programa más visto de Canal 11 fue la telenovela mexicana Cuna de lobos, que concluyó a mitad de mes. Hurgando un poco en el mercado, encontraron que había una tira brasileña de 1982 que por su título podía captar algo del público que había sido muy fan de la primera: Nido de serpiente. Lo extraño fue que decidieron programarla para los martes a las 22, un horario atípico en ese entonces para los culebrones.



La cosa no funcionó y para mediados de marzo ese espacio fue ocupado por La barra de Dolina, aunque unas semanas después decidieron volver a emitirla -desde el principio- en el horario de las 14, que casualmente había sido el de Cuna de lobos.


La promo del programa no podía ser más inquietante: unos espantosos alaridos y muchas personas mirando aterradas hacia arriba, con el plano final de una señora con cara de pocos amigos, que inmediatamente remitía a la inolvidable Catalina Creel.
Sin embargo, esta historia poco tenía que ver con la trama policial de Cuna de lobos. Se trababa de una filosa crítica social a la decadente burguesía paulista, centrada en una familia que habitaba una enorme mansión con interminables escaleras que vistas desde arriba parecían formar la serpiente del título.

Crítica de Clarín, sorprendidos gratamente con el estreno de Nido de serpiente.

La muerte del patriarca, la pelea de los herederos y varios secretos escondidos iban acompañando el devenir de los capítulos, pero nada se comparaba al inquietante personaje de Oriana, una de las mucamas que ocultaba bajo su peluca un eléctrico corte rubio y que en la soledad de su habitación pintaba un cuadro. Una obra que supuestamente representaba lo todo espantoso de la alta sociedad. Si bien nunca se llegó a ver qué es lo que había en ese cuadro, la imagen debió ser tan truculenta que se convirtió en elemento clave del último capítulo, provocando el giro final en el protagonista masculino de la historia. No así con la villana de pelo bicolor, que también descubre el cuadro y sólo se limita a decir “Pobre Oriana. Es una simple sirvienta y se cree una artista”. 



Con más poética que efectismo, Nido de serpiente pasó sin pena ni gloria por las tardes del 88 en Canal 11, aunque en su país de origen es recordada aún hoy como una de las historias más importantes de aquella década. 

1 comentario:

eduardo v. dijo...

Otra teleserie de Bandeirantes, aka Band, que también se vio en la pantalla chica porteña era Dance Dance Dance (2007/08), emitida por Telefe en 2008/09.